Pues no: los catalanes también son España, aunque suene raro decirlo.

Es más, los independentistas catalanes son una España a la que han decepcionado largamente los tejemanejes y las oscuridades de la clase política madridita.

Ya lo sé, en el caso catalán, algunos de los independentistas son una masa de gente que medio se ha tragado la farsa de su burguesía imperante, esa que tiene tanto que callar salvo en los tribunales. Sólo se lo ha tragado a medias, que otra cosda es lo que construyen las televisiones y el resto de la caterva de la prensa alquilada.

El relato de la razón catalana pasa necesariamente por lo que dicen sus votos. Y sus votos dicen que -a menos que nos carguemos el sistema electoral español, que bien estaría- que tienen a 22 diputados electos soberanistas y otros 7 que lo toleran a su manera.

El discurso poselectoral de Sánchez no ha querido contar con la parte izquierdista de esos votos, los de ERC, que junto con Unidas Podemos le habrían dado una mayoría absoluta holgada, por extrañas razones.

Yo lo achaco pricipalmente a sus encuestas y no tanto a las presiones de los eternos entorpecedores de España: los bancos, los grandes propietarios, los grupos conservadores o monárquicos… esos que históricamente han tenido a España frenada de todo progreso.

En esas encuestas se resalta que, electoralmente, en el resto de España se usa toda referencia a Cataluña, la primera región económica del pais, como poco más que una excusa. Para la mayoría de los españoles que votan, indocumentadamente, los catalanes son los malos y no hay que jugar con ellos, porque son malos…

Pero son España, digan lo que digan en Cataluña y jueguen a lo que jueguen en Madrid.

Y la política es negociación y cintura. Y 15 diputados son (eran) 15 diputados. Los que hacían falta.

Claro que Sánchez quizás tenga otros patrones…