En San Sebastián se público desde 1880 una revista, de esas que se ampararon en el estudio del recién nacido Folk-Lore, como las de Antonio Machado y Álvarez en Sevilla, que llevaba como cabecera «Euskal-Erria».

La dirigía José Manterola Beldarraín, filólogo, profesor del Instituto de San Sebastián, director de la Biblioteca Municipal de esa ciudad y director de El Diario de San Sebastián.

O sea, que no era un friki. Y digo esto porque voy a transcribir el primer texto del primer número de esa revista. A modo de presentación, Manterola dibuja una España deseada en la que todos los pueblos son bienvenidos y deseados, sin perder ni un ápice de la cultura y las costumbres de cada uno de ellos.

Un texto positivo y deseable y que, como es del dominio público, fulminaron los de los puños y las pistolas. Este es, léanlo con la ortografía que fue escrito, con detenimiento, si les apetece. Para mi no tiene desperdicio.

«No hay quizás un solo pais, que en medio de su unidad geográfica y política, ofrezca mayor variedad que la península española.

Amalgama de muchos, variados y diversos elementos, distintos en su origen, en su historia, en sus costumbres, y en su manera de sér, confundidos al cabo de siglos de luchas y de antagonismos en el crisol de una sola nacionalidad, ni el tiempo, ni las constituciones políticas, ni la centralizacion administrati va y económica, han sido bastantes á hacer desaparecer los rasgos típicos de cada una de sus múltiples regiones.

Cataluña y Valencia, Nabarra y Aragon, Asturias y Galicia, Murcia y Extremadura, Leon y Castilla, Andalucía y las Provincias Bascongadas, con todo y ser partes integrantes de un mismo reino y vivir unidas con los lazos de una constitucion común, en nada se parecen entre sí, conserva todavía cada una de ellas sus tipos propios, los caractéres, las costumbres, las tradiciones, los hábitos, las fiestas especiales y peculiares, y hasta la lengua y los dialectos nacidos de la diversidad de su origen, y desarrollallos al calor y a través de una larga y no interrumpida sucesión histórica.

De ahí que España ofrezca al extranjero un panorama constantemente nuevo, que no puede menos de llamar su atencion, haciéndole admirar esa inmensa variedad dentro de la unidad; de ahí que los cuadros que se han pintado acerca del carácter y las costumbres españolas nunca se ajusten al modelo y sean espejo de la verdad, como la pintura no sea puramente parcial y se limite á determinadas regiones de la península: y es que cada una de éstas, si es diversa por su suelo, sus frutos, su horizonte y sus paisages, lo es más aun, por los rasgos que determinan la fisonomía de sus moradores, por sus costumbres, sus aficiones, sus aptitudes, sus trages, y aun por su manera de hablar y de vivir.

¿Es un mal quizás esta pintoresca variedad de matices y de caractéres, como pretenden los que sueñancon fundir y asimilar los diversos elementos componentes de la nacionalidad española en un estrecho molde comun, identificando los intereses de todos los pueblos, borrando los varios dialectos, interrumpiendo las tradiciones, y uniformando los trajes. las costumbres y las literaturas de tantas gentes todavía extrañas entre sí?

Creemos sinceramente que nó; creemos más, que esa fusion, ó por mejor decir, esa confusion, nunca se llevará á efecto de una manera total y completa, porque es tan imposible, como que el suelo pobre y montañoso de nuestras Provincias Bascongadas se asemeje á las ricas y fértiles llanuras andaluzas, y nuestro carácter sério y grave se trueque en el alegre, chancero y decidor de los hijos del Mediodía; y creernos, por último, que aun de realizarse esa pretendida y total asimilacion, sin producir fruto alguno, ni una sola ventaja, acabaría con uno de los rasgos que mas distinguen y singularizan á España, su misma variedad característica.

Y asi como cuando se trata del trazado de un parque ó de un jardín, de la construccion ó el ensanche de un pueblo ó de un edificio, ó de la produccion de una obra de arte cualquiera, el artista, atento siempre á la belleza, jamás se olvida, sin detrimento de las reglas estéticas, del principio fundamental de la variedad en la unidad, nosotros creemos que España, sin desatar los lazos que pueden contribuir á hacer de ella una nación poderosa, debe tender á la conservacion de los antiguos rasgos que determinan el sello especial de cada. una de sus variadas y heterogéneas comarcas.

Pretender lo contrario es, en nuestro concepto, buscar la unión, que no es la simple subordinacion, en actos de puro formalismo y de aparato exterior que nunca tienen la fuerza que los lazos que engendran el afecto y el cariño, y que nacen de la mútua consideracion y de la comunidad de intereses; es querer convertirir. sin provecho para nadie, á los pueblos en ejércitos uniformes, á los hombres en autómatas.

Conformes en este punto con el eminente poeta y narrador español Pedro A. de Alarcon, creemos que por lo mismo que la actual civilizacion niveladora va arrebatando cada día algo de su peculiar carácter á los dititentes reinos, á las distintas razas, á las diversas regiones que constituyen la confederacion llamada España, hoy mas que nunca se hace necesario retejer y consignar en libros y revistas, en albums, lienzos, grabados y fotografías, las historias parciales, las tradiciones, las consejas, las costumbres, las leyes, los hábitos, los usos y modismos, los cantos y las leyendas de cada una de estas comarcas, para enriquecer con ellas el comun tesoro de la historia nacional.

Y esto que viene haciéndose con provecho en casi todas las provincias españolas, en las que cada día aparecen nuevas bibliotecas y revistas especiales de carácter local, como sucede en Cataluña, Aragon, Asturias, Galicia, Valencia y Andalucía, es lo que nos proponemos realizar, en la medida de nuestras fuerzas, con relación á la regiónan Euskara, la mas distinta, la mas típica, á no dudarlo, de entre todas las que forman la nacionalidad española. «

Ahí lo dejo.