El BLOG de Benito Caetano

Comunicación, asuntos públicos y otras emergencias...

Categoría: PERIODISMO (página 1 de 6)

A elecciones, que Cataluña no es España… ¿no es eso?

Pues no: los catalanes también son España, aunque suene raro decirlo.

Es más, los independentistas catalanes son una España a la que han decepcionado largamente los tejemanejes y las oscuridades de la clase política madridita.

Ya lo sé, en el caso catalán, algunos de los independentistas son una masa de gente que medio se ha tragado la farsa de su burguesía imperante, esa que tiene tanto que callar salvo en los tribunales. Sólo se lo ha tragado a medias, que otra cosda es lo que construyen las televisiones y el resto de la caterva de la prensa alquilada.

El relato de la razón catalana pasa necesariamente por lo que dicen sus votos. Y sus votos dicen que -a menos que nos carguemos el sistema electoral español, que bien estaría- que tienen a 22 diputados electos soberanistas y otros 7 que lo toleran a su manera.

El discurso poselectoral de Sánchez no ha querido contar con la parte izquierdista de esos votos, los de ERC, que junto con Unidas Podemos le habrían dado una mayoría absoluta holgada, por extrañas razones.

Yo lo achaco pricipalmente a sus encuestas y no tanto a las presiones de los eternos entorpecedores de España: los bancos, los grandes propietarios, los grupos conservadores o monárquicos… esos que históricamente han tenido a España frenada de todo progreso.

En esas encuestas se resalta que, electoralmente, en el resto de España se usa toda referencia a Cataluña, la primera región económica del pais, como poco más que una excusa. Para la mayoría de los españoles que votan, indocumentadamente, los catalanes son los malos y no hay que jugar con ellos, porque son malos…

Pero son España, digan lo que digan en Cataluña y jueguen a lo que jueguen en Madrid.

Y la política es negociación y cintura. Y 15 diputados son (eran) 15 diputados. Los que hacían falta.

Claro que Sánchez quizás tenga otros patrones…

La Marsellesa a la española… y el extraño Miguel Fleta

Hoy es quatorze juillet, le jour de la patrie, que cantaba Edith Piaf…

La fiesta nacional de Francia celebra la toma de la Bastilla en 1789, todo un mito de las revoluciones europeas, y tiene en La Marsellesa su música de fondo, pero oficialmente sólo desde 1958, no antes. Antes ni era el himno oficial de Francia ni se enseñaba en las escuelas, como ahora.

La Marsellesa era un himno guerrero, lleno de amenazas al pueblo y de sangre contraria. Tanto, que el propio gobierno francés redujo su letra a sólo algunos párrafos de su composición original…

Pero vamos al grano… ¿sabíais que también en España se cantó?. Pues, mira por donde, fue uno de los himnos del pueblo español defendiéndose en armas, en la guerra civil que siguió al golpe de estado de Franco.

Miren como la cantaba el famoso y presunto farsante tenor Miguel Fleta…

Explico lo de farsante. es una impresión. Resulta que Miguel Fleta, por lo visto, lo mismo cantó esta versión de La Marsellesa, republicana y partisana, que cantó el Cara al Sol…

Supongo que eran cosas de esas de los artistas y eso. O no.

¿La epilepsia como epidemia?

No soy experto en la materia, quizás por eso me asalten dudas de pronto…

Leo cada día la prensa, desde muchos años atrás, y nunca había visto tantas noticas seguidas con la epilepsia como guión:

Millán Salcedo hospitalizado en Sevilla por epilepsia, una chica sufre un ataque de epilepsia cuando un tipo despreciable que conducía un taxi acosa el coche en el que iba por Sevilla y, finalmente, hasta la estrella de la factoría Disney, Cameron Boyce, resulta que ha muerto por un ataque de epilepsia.

Todo esto en el mismo periódico, en dos o tres días.

Yo no se a ustedes, pero a mi esto me preocupa. Aunque todavía no se si la epilepsia o el periodismo…

Comparecencia sobre el V Centenario o para qué sirve un Parlamento…

Esta semana, en el Parlamento de Andalucía, ha tenido lugar la presentación de las actividades de la Consejería de Turismo y Otras Cosas, en estas fechas tan avanzadas, para la conmemoración del V Centenario de la Primera Vuelta al Mundo. Un espectáculo.

La actuación de Marín, el de Ciudadanos, era la lógica: un consejero va y cuenta, a petición propia, lo que su departamento piensa hacer y tiene presupuestado para el evento, con ocasión de una fecha de tan gran importancia para nuestro país como que el primer gran hito global del mundo y la gran hazaña española, por encima muy mucho del presunto descubrimiento de América.

Dice Marín que su consejería gastará X euros y que hará x proyectos, orientados a la efeméride y para sacar provecho de la imagen de marca española y de un acontecimiento que España ni se ha ocupado de reivindicar en estas últimos 500 años. Un país blando y sin convicción, ya saben. Bien.

El circo empieza con las intervenciones de los demás grupos que, ajenos a la propia sesión, charlando entre sus miembros con ostentoso volumen a veces, impidiendo la explicación incluso, ni echaron cuenta de lo que se informaba ni falta que hacia. Porque todos llevaban su respuesta de antemano.

No me entretendré en Vox, cuya portavoz debió leer un trabajo de historia del instituto de su chiquillo, ni en Ciudadanos-grupo, que defendió a Marín como era de esperar, ni del PP, que se limitó a alabar las bondades de la cuestión como buen socio de gobierno.

Hablaré, brevemente, de la intervención de Podemos o cómo sea que se llame ahora electoralmente, cuya portavoz desgranó una serie de barbaridades históricas y cuestiones fuera de lugar, que fueron desde el papel de las mujeres en aquella navegación hasta lo que pasaba en la época con los esclavos negros y con los gitanos, en un intento de conseguir la parálisis por el análisis, de enturbiar la historia del siglo XVI con cuestiones de ahora que, en el siglo XVI, ni se pensaban ni se planteaban. Aquí ni en ningún país del mundo, que yo sepa.

Pero sobre todo hablaré del tipo que intervino por parte del PSOE, que ni más ni menos había sido el Consejero de Turismo del anterior gobierno de la Junta. El tal Fernández -no recuerdo ahora su nombre exacto- hizo un intento atropellado de discurso en el que mintió bellacamente, diciendo que la Junta había dejado el terreno abonado para la conmemoración y que la nueva Junta, de ahora, era poco menos que desleal al no contar con ellos para su planificación y que así desperdiciarían momento tan importante de la historia de Andalucía y tan reivindicativo y tan glorioso, etc., etc., etc.

Obviamente calló que en los tropecientos años del gobierno de su partido en la Junta habían ninguneado la demanda de la sociedad civil para sacar partido de tan gran hito global, el único con alcance realmente mundial de España frente a otros, ahora considerados «regionales», y que jamás su gobierno había arbitrado y mucho menos ejecutado acción alguna para la efeméride, salvo un librito de comic y dos o tres tonterías que pasaban por allí y a las que se les puso el apellido inconsecuente del V Centenario. Y que ya va siendo tarde para enmendar lo no hecho.

Esto que contó Fernández no es ni verdad, ni leal con la ciudadanía, ni políticamente aceptable, ni siquiera digno. Como votante de izquierdas desde siempre, no quiero ni pensar que sea así todo el PSOE ni que el discurso del tal sea compartido por su grupo ni su estructura.

Esto es sencillamente pretender estorbar, charlar por charlar.

La sesión parlamentaria duró mucho más de una hora y en ella se habló de cuestiones políticas -no de lecciones de historia ni de rollos espúreos- acaso 5 o 10 minutos.

Una diputada vestida de amarillo, del grupo de Podemos o de Izquierda Unida, charlaba con otros a distancia y en voz alta, los más miraban y atendían sus móviles, muchos se ausentaron de la comparecencia, la presidenta de la Cámara pidió precisamente que quien estuviera haciendo otras cosas se saliera de la sala para no molestar a los intervinientes, el clima general era de jolgorio y desatención…

Me pregunto por qué aceptamos esto los contribuyentes y ni siquiera lo controlamos, cuando es la Cámara que nos representa a todos. Deberíamos ser mas conscientes de lo que pagamos entre todos y no sirve más que para la chanza y el entretenimiento de sus Señorias. Qué vergüenza ajena…

Visto lo visto, a la luz de la evidencia, tal vez el Parlamento debería reducirse a un pequeño consejo, sin paripés ni falsedades, en el que estuvieran representados los partidos, con sus votos pero con una sola persona en cada caso.

Aumentaría el desempleo, sobre todo en la clase política, pero los ciudadanos nos ahorraríamos tela…

La hipocresía como norma política

Es antigua, no es de ahora. La hipocresía es la clave de todas las guerras, las que dicen justas y las injustas, si es que hay guerra justa. Mentir es el alimento de las operaciones internacionales, dentro y fuera de las guerras, de los Estados.

Hoy me fijo en una noticia del Diario de Sevilla, en la que, a mi juicio, se reúnen varias de las grandes mentiras en torno a la capacidad nuclear que circulan por esta parte del mundo, la occidental, la que vive y piensa baja el paraguas único de la norma norteamericana.

https://www.diariodesevilla.es/mundo/Iran-estira-cuerda-nuclear_0_1364864082.html

Cinco notas.

1.- ¿Que hacen los USA actuando como árbitro de facto del Plan Integral de Acción Conjunta del que ellos se han ido?, ¿por qué la prensa lo sigue tratando como tal?

2.- ¿Que querrá decir que Teherán «cerró la puerta a cualquier tipo de esperanza de que pudiera replantearse su decisión de suspender algunas de sus obligaciones nucleares»? ¿Simplemente que, como los USA, deja de cumplir con un Pacto que está tocado y que sólo perjudica a los países invadibles?

3.- En este caso, ese Plan Integral lo que pretende es limitar la capacidad de Irán de fabricar su bomba atómica, pero la otra parte, los USA y la Europa y la avispa Israelí, ya tienen de eso y en abundancia. ¿Sólo limitar a una de las partes?

4.- USA mantiene sanciones internacionales bancarias y en el comercio del petróleo contra Irán, al margen del Pacto Integral. ¿Para qué sirve el Pacto pues?, ¿no es lógico que si lo incumple el más poderoso lo incumplan los más débiles?, ¿más aún cuando los más débiles temen una invasión norteamericana para la que ya se está construyendo -lo cierto es que nunca se ha dejado de construir- el escenario y la narrativa en el tiempo presente?

5.- Por último, ¿qué fuerza moral tiene Israel para decir que Teherán «ha incumplido su promesa de informar con sinceridad sobre su programa nuclear a la comunidad internacional»? ¿Con «sinceridad»? ¿Pero alguien ha actuado con sinceridad en la más oscura de las estrategias militares, con lo atómico?

Con esto sólo quiero resaltar que el discurso en torno a la potencia atómica es falso, una invención de buenos redactores que saben manipular para que en occidente nos creamos sus historias, pero que no tiene relevancia en otras partes del mundo; si acaso las lleva a otras estrategias.

En Irán también: es lo mismo. Irán, China, Rusia… todos mienten burdamente en un mundo del que deberría haber desaparecido la potencia nuclear de media y alta intensidad, que es la que sirve para fabricar bombas y hacer centrales que lo posibilitan. Que dan energía eléctrica, si: de mientras.

Pero la palma se la lleva USA, con su política hegemónica en todas las áreas del desarrollo y la economía, incluida la rentable y arrolladora armamentística, apoyada en su autocracia y en sus poderosas fuerzas armadas.

Aunque ahora ya se les están viendo los pelos de la dehesa en lo tecnológico. Ya veremos.

La tres caras de las Fake News o #fakenews

Cansado de oír hablar de las impropiamente llamadas #fakenews y del machaconeo intencionado con el que nos castigan los medios hegemónicos, trataré de aportar algo a la cuestión con una hipótesis que propone ahondar en los significados y ofrecer nuevas definiciones del concepto.

Esto es porque considero que no existe un sólo tipo, así en genérico, de #fakenews sino varios: al menos tres; y que todo intento de unificación sólo persigue confundir a la peña.

Primero quiero dejar constancia de que las #fakenews no son las simples noticias falsas ni las mentiras ni los embustes de toda la vida, sino algo más profundo y desde luego más y, a veces, peor intencionado.

Propongo tres tipos y/o categorías distintas y lo hago con sus etiquetas y siguiendo el anglicismo que tanto ha prosperado:

 

Real Fake News (#realfakenew)

Son los bulos, noticias directamente falsas y generalmente poco creíbles y hasta absurdas que tratan de enredar a la gente incauta y de leve inteligencia. Suelen ser zapatazos burdos hechos por gente grosera y descomunal. Como digo, sólo engañan a bobos y bobas, aunque son repercutidas por gente pervertida aparentemente inteligente y consciente de la inmensidad de su público objetivo tanto como del daño sistémico que hacen.

Official Fake News (#officialfakenew)

En realidad hablamos de pura propaganda.  Pero por afinar diremos que son aquellas noticias difundidas por gobiernos, gobernantes y gente afín que, con mentiras manifiestas, tratan de conducir a la opinión pública a creencias falsas sobre los hechos de gobierno y sus circunstancias, sobre las razones de estos hechos y decisiones o sobre los resultados de su gestión. Suelen engañar a la gran mayoría de la población votante y tiene resultados catastróficos para el buen ir de nuestra sociedad y para nuestro bienestar y progreso Son las realmente peligrosas y las que, a mi juicio, habría que combatir si titubeos

Fake Fake News (#fakefakenew)

Son noticias ciertas, documentadas y generalmente relevantes, pero que no convienen a la estrategia de propaganda del poder ni de sus propietarios y adláteres. La táctica de descalificación de las mismas ante la opinión pública suele apoyarse en las Official Fake News referidas anteriormente. Tratando de confundirlas con los bulos ante la opinión pública, son el objetivo real de la actual campaña del aparato del Estado y sus medios públicos y arrendados (que son los más).

 

Y lo más curioso de todo este montaje es que las recetas oficiales para detectar las #fakenews, que insisten sobre todo en identificar las fuentes,  son perfectamente aplicables en todos estos casos, siempre que consideremos que siempre es la certeza la que determina la credibilidad de la fuente y no la fuente la que siempre respalda la certeza de la noticia.

Como dije, lanzo una hipótesis para la definición de las genéricamente llamadas #fakenews.

Me alegraría recibir opiniones y propuestas…

EL PERIODISMO IMAGINADO Y LA CRUDA REALIDAD

(Apuntes a partir de “El periodista universal”, de David Randall)

El periodista argentino Jorge Lanata dice tener registrada la cabecera de un periódico que no sería periódico porque saldría y se llamaría “Cada tanto”. Sostiene Lanata que sólo “cada tanto” y nunca cada día se produce alguna noticia que merece ser tenida por tal y contada finalmente a los lectores. Será un farol, claro, pero sostiene idealmente una teoría del autor que viene a decir que diariamente los periódicos se llenan -se rellenan, diría él- de algo que podríamos denominar “producción industrial de información”, que no tiene nada que ver con lo noticiable y que no es siquiera relevante en la mayoría de los casos, cuando no directamente forzada e incluso inventada. El periodismo tradicional siempre consideró como noticia aquel fenómeno o detalle de la actualidad que era publicado en un periódico, otorgando, de ese modo, a los propios periódicos la facultad de determinar qué es lo noticiable.

Es aceptada generalmente la idea propuesta por Lacan de que la realidad es pura fenomenología. Descartadas las antiguas filosofías, en la práctica sabemos que la realidad se forma exclusivamente por lo que percibimos. La actualidad también, claro; y en los últimos tiempos -por ser optimistas: tal vez haya sido siempre así desde que dejaron de ser diarios de avisos- los periódicos han emprendido un camino mucho más rentable que el de servir sencillamente noticias: construir la actualidad, construir la realidad. En medio de todo esto estamos los periodistas. Consciente o inconscientemente.

En su popular libro “El periodista universal”, David Randall parece creer que los periodistas podemos y debemos intervenir decisivamente en este proceso, actuando en favor del lector y procurando en todo caso una información profesionalmente aceptable y éticamente correcta. Desde ahí reflexiona sobre la casuística del trabajo de informar, ofreciéndonos un catálogo de notas prácticas que compendia los aspectos que el autor considera más importantes en la practica diaria de los periodistas, aliñado con recomendaciones y anécdotas que los ilustran.

Esta reflexión es implícita. En una primera aproximación, para un periodista que lleva en esto casi tanto tiempo como Randall, como es mi caso, el libro no parece sino una serie de perogrulladas sistematizadas. Algo superficial, que no invita a la lectura. No en vano, algunas librerías que lo venden en su versión original, lo anuncian como un libro de anécdotas; el libro más vendido sobre periodismo en ingles, eso si, pero un anecdotario.

Esa cualidad lo convierte en accesible. Es entretenido leerlo, bueno para el verano. Como escuché en cierta ocasión a Luis del Val, “es que la anécdota es fácil de comprender y hasta divertida…”. En este punto, tiene ya una primera utilidad muy recomendable. Bajo esa apariencia superficial se encuentra una reflexión ordenada, bien estructurada, sobre los aspectos más cotidianos del ejercicio periodístico. Cierto que no es un sesudo trabajo de epistemología, ni siquiera un ensayo deontológico: es un manual práctico, un recetario. Y en cierto modo se parece a los de cocina: describe recetas que sabemos que nunca haremos junto con otras que nunca cocinaremos tal y como se explican y, por fin, algunas que trataremos de llevar al plato; pero igual que estos, su lectura nos ayudará a desenvolvernos en general en la cocina con cierta soltura.

Aún puede sacarse más. Los puntos suspensivos de la anterior cita a Luis del Val indican que su frase no acababa allí, sino aquí: “…para descubrir la categoría, en cambio, hay que pensar”.

Y también el trabajo de pensar puede hacerse a partir del libro de Randall. Aunque aparentemente simple, a pesar de su candor general y su romanticismo -que hasta su prologista español, Joaquín Estefanía, destaca-, “El periodista universal” puede considerarse una obra de referencia, una fuente relevante que sumar a los recursos que nos permiten comprender la evolución de la profesión periodística. Si se quiere, hasta un paradigma desde el que observar la realidad de la profesión periodística; una herramienta que, sobre todo por los jóvenes, puede usarse como referencia previa que cruzar con la propia experiencia para obtener conclusiones propias.

Con el filtro y las precauciones debidas, cada cual con su propio mobiliario intelectual. Porque lo que Randall cuenta es un modelo ideal, de ahí que lo tilden de ingenuo. La realidad es distinta.

En la tarea de construir diariamente una realidad a convenir, en la que se empeñan cada vez más empresas de periódicos del mundo global, los periodistas, sobre todo los que no ocupan puestos directivos, han perdido la mayor parte de su papel, han dejado de ser protagonistas se han quedado como figurantes con frase: han dejado de ser el factor principal de la noticia para convertirse, de un modo alarmante, meros transcriptores de las mismas. Ni siquiera conservan la capacidad de asignar a los hechos esa cualidad: es general que ya se sepa lo que va a convertirse en noticia aún antes de que esta se produzca.

Digamos que las fuerzas e intereses que inciden sobre los medios han dejado de considerar a los periodistas como elemento relevante y tratan directamente con las empresas, quienes a su vez han desconsiderado a los profesionales en la práctica. Hay que aclarar que esto no sucede mediante acuerdos, imposiciones o pactos en concreto, salvo en casos a partir de cierta envergadura, sino que se manifiesta de una manera sutil, a través de la práctica relacional de las empresas y de determinados preceptos prejuzgados y asumidos de antemano por los propios periodistas. Claro también que todavía quedan parcelas en las que esto se suaviza, quizás algunas en lo local y otras en secciones muy especializadas, pero no es la tendencia.

Nick Davies es periodista de The Guardian y autor de “Flat earth news”, un libro que ha publicado a partir de una investigación llevada a cabo por él mismo con la universidad de Cardiff. Para entendernos, a Davies le preocupa el grado de realidad que hay en la realidad publicada. Especialmente se fija en los casos de falsos acontecimientos, de fenómenos aparentes, elaborados frecuentemente desde los despachos de relaciones públicas (modelo anglosajón), que pretenden y consiguen configurar en una medida importante la realidad percibida de cada día. Por ahí va el título de su libro: No sólo algunas religiones mantuvieron durante siglos la creencia de que la Tierra era plana, en contra de la opinión científica y hasta de la evidencia, como es de sobras conocido, actualmente aún existen sociedades que mantienen esta afirmación y hasta se arrogan el titulo de “desprogramadores” de la humanidad defendiendo que la idea de la redondez de la Tierra es una falsa imposición. The Flat Earth Society es una de ellas.

Davies ha estudiado la actual prensa británica -los mismos patrones que corta Randall- y se ha encontrado, por ejemplo, con datos que afirman que los redactores están elaborando con total certeza sólo el 12% de las noticias, hay otro 8% de estas cuyo origen se duda y, definitivamente, el 80% procede total o parcialmente de agencias de noticias y gabinetes de relaciones publicas. Más: los despachos de agencias suponen entre el 60% y el 70% de The Times, Daily Telegraph, Daily Mail o The Independent. Y mas de la mitad de The Guardian, donde trabaja el autor.

Hoy, el trabajo de los periodistas ha aumentado y ahora cada uno escribe el triple que hace 20 años; entendiéndose a la inversa la dedicación profesional que puede dedicarse a cada pieza. Más aún, el 70% de las informaciones nacionales (Gran Bretaña) se han escrito fuera de las redacciones y han sido copiadas por estas. Sólo en el 1% de los casos se reconoce esto en la data.

Sólo es un ejemplo. El documentado y demoledor análisis que Nick Davies hace en su libro, cuyos detalles y conclusiones han sido amapliamente respaldadas por la profesión británica, demuestra que la práctica periodística de hoy nada tiene en común con lo ideado por Randall.

De todos modos, estamos en medio de un río revuelto. Al igual que los propios periódicos, la profesión del periodismo esta viviendo en estos tiempos una notable confusión, dominada fundamentalmente por la utilización estratégica de los medios por parte de corporaciones de mayor calado, que son sus dueñas, y, por otra, por los vertiginosos cambios tecnológicos que están produciéndose en el mundo y que afectan sensiblemente a todos los aspectos de la misma: desde la propia definición de periodista hasta la explotación de su trabajo, los medios disponibles o sus derechos de autor.

Lo que Randall propone, lo que refleja Davies, lo que hoy es y lo que será en unos años puede que acaben pareciéndose poco o nada. En 2017 los periódicos convencionales siguen perdiendo, los medios audiovisuales se simplifican, la red crece sin que aún la hayamos comprendido… y los nuevos medios sorprenden, marcan hitos y desaparecen con la misma facilidad. Pero siempre queda algo.

Por prudencia, en estos tiempos, no debemos tomar ninguno de estos libros del momento como una guía a seguir. Como diría el capitán Barbosa de «Piratas del Caribe», “no hay que seguirlos al pié de la letra, tan sólo son una directrices…”

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