Esta semana, en el Parlamento de Andalucía, ha tenido lugar la presentación de las actividades de la Consejería de Turismo y Otras Cosas, en estas fechas tan avanzadas, para la conmemoración del V Centenario de la Primera Vuelta al Mundo. Un espectáculo.

La actuación de Marín, el de Ciudadanos, era la lógica: un consejero va y cuenta, a petición propia, lo que su departamento piensa hacer y tiene presupuestado para el evento, con ocasión de una fecha de tan gran importancia para nuestro país como que el primer gran hito global del mundo y la gran hazaña española, por encima muy mucho del presunto descubrimiento de América.

Dice Marín que su consejería gastará X euros y que hará x proyectos, orientados a la efeméride y para sacar provecho de la imagen de marca española y de un acontecimiento que España ni se ha ocupado de reivindicar en estas últimos 500 años. Un país blando y sin convicción, ya saben. Bien.

El circo empieza con las intervenciones de los demás grupos que, ajenos a la propia sesión, charlando entre sus miembros con ostentoso volumen a veces, impidiendo la explicación incluso, ni echaron cuenta de lo que se informaba ni falta que hacia. Porque todos llevaban su respuesta de antemano.

No me entretendré en Vox, cuya portavoz debió leer un trabajo de historia del instituto de su chiquillo, ni en Ciudadanos-grupo, que defendió a Marín como era de esperar, ni del PP, que se limitó a alabar las bondades de la cuestión como buen socio de gobierno.

Hablaré, brevemente, de la intervención de Podemos o cómo sea que se llame ahora electoralmente, cuya portavoz desgranó una serie de barbaridades históricas y cuestiones fuera de lugar, que fueron desde el papel de las mujeres en aquella navegación hasta lo que pasaba en la época con los esclavos negros y con los gitanos, en un intento de conseguir la parálisis por el análisis, de enturbiar la historia del siglo XVI con cuestiones de ahora que, en el siglo XVI, ni se pensaban ni se planteaban. Aquí ni en ningún país del mundo, que yo sepa.

Pero sobre todo hablaré del tipo que intervino por parte del PSOE, que ni más ni menos había sido el Consejero de Turismo del anterior gobierno de la Junta. El tal Fernández -no recuerdo ahora su nombre exacto- hizo un intento atropellado de discurso en el que mintió bellacamente, diciendo que la Junta había dejado el terreno abonado para la conmemoración y que la nueva Junta, de ahora, era poco menos que desleal al no contar con ellos para su planificación y que así desperdiciarían momento tan importante de la historia de Andalucía y tan reivindicativo y tan glorioso, etc., etc., etc.

Obviamente calló que en los tropecientos años del gobierno de su partido en la Junta habían ninguneado la demanda de la sociedad civil para sacar partido de tan gran hito global, el único con alcance realmente mundial de España frente a otros, ahora considerados «regionales», y que jamás su gobierno había arbitrado y mucho menos ejecutado acción alguna para la efeméride, salvo un librito de comic y dos o tres tonterías que pasaban por allí y a las que se les puso el apellido inconsecuente del V Centenario. Y que ya va siendo tarde para enmendar lo no hecho.

Esto que contó Fernández no es ni verdad, ni leal con la ciudadanía, ni políticamente aceptable, ni siquiera digno. Como votante de izquierdas desde siempre, no quiero ni pensar que sea así todo el PSOE ni que el discurso del tal sea compartido por su grupo ni su estructura.

Esto es sencillamente pretender estorbar, charlar por charlar.

La sesión parlamentaria duró mucho más de una hora y en ella se habló de cuestiones políticas -no de lecciones de historia ni de rollos espúreos- acaso 5 o 10 minutos.

Una diputada vestida de amarillo, del grupo de Podemos o de Izquierda Unida, charlaba con otros a distancia y en voz alta, los más miraban y atendían sus móviles, muchos se ausentaron de la comparecencia, la presidenta de la Cámara pidió precisamente que quien estuviera haciendo otras cosas se saliera de la sala para no molestar a los intervinientes, el clima general era de jolgorio y desatención…

Me pregunto por qué aceptamos esto los contribuyentes y ni siquiera lo controlamos, cuando es la Cámara que nos representa a todos. Deberíamos ser mas conscientes de lo que pagamos entre todos y no sirve más que para la chanza y el entretenimiento de sus Señorias. Qué vergüenza ajena…

Visto lo visto, a la luz de la evidencia, tal vez el Parlamento debería reducirse a un pequeño consejo, sin paripés ni falsedades, en el que estuvieran representados los partidos, con sus votos pero con una sola persona en cada caso.

Aumentaría el desempleo, sobre todo en la clase política, pero los ciudadanos nos ahorraríamos tela…