Nada, que la gente no se lo cree. O que a la inmensa mayoría le da igual.

Debe ser verdad que fumar mata, que el humo del tabaco contiene más de 70 sustancias cancerígenas o que el fumar provoca cáncer de boca y de garganta. Supongamos que es verdad, que el tabaco es el principal actor en esos dramas.

Pero lo que si es irrefutablemente cierto es que tales advertencias, que ya pasan literalmente desapercibidas, invisibles, para los consumidores de tabaco, a pesar de las horripilantes fotos con que el gobierno adorna las cajetillas de tabaco, no inducen a nadie a dejar el vicio.

Se cuenta el chiste del que entra en un estanco, pide tabaco, le dan un paquete con la leyenda de «El tabaco causa impotencia» y el tio dice: «A mi de ese no, dame del que pone cáncer u otra cosa»…

Y ni siquiera el precio, que ya es una barbaridad para lo que es el paquetillo, cargado de impuestos y gravámenes con los que el gobierno engorda su caja para hacer sus cosas y aún piensan en subirlo. Para disuadir del rentable consumo, dicen mientras andan preocupados por las pérdidas en impuestos que supone el tabaco de contrabando, 331 millones el año pasado de los más de 9.000 mil millones que factura Hacienda al tabaco legal.

Así que tras tantos años de subir precios, de poner fotos horribles, de hacer campañas diciendo que el tabaco mata… el consumo de tabaco sube; no baja, que es el objetivo que dicen que tenían para todas las barbaridades mencionadas. O las campañas son sencillamente inútiles o aquí pasa algo…

Uno se teme que todo lo que no sea prohibirlo y quitarlo de la circulación es un paripé; vamos, que no pretende acabar con el consumo de un producto al que el Estado saca sus buenos sus dineritos. Igual es sólo una forma de minería de euros aplicada a una parte de la población. Fíjense en el precio de venta del paquete en cada país y piensen que el precio de fabricación es el mismo para todos…

Y si ya, para colmo, unimos el dato de que vivimos en el país con la vida más larga de Europa…