No voy a hablar de España, donde los USA metieron definitivamente la mano al principio de la transición para torcer la voluntad de la gente, antes de que ésta pudiera manifestar su voluntad, hacia posiciones favorables su gobierno. Un gobierno extranjero, hegemónico por el servilismo de los supuestos patriotas españoles, con intereses comerciales internos y con un sistema político sometido a éstos y a sus élites.

Tampoco a su historia, plagada de golpes de estado, de trapicheos fascistoides, de manejos en la sombra de otros estados… de guerras criminales -no hay de las otras- en países que sencillamente no obedecían a sus intereses. En dos siglos de existencia, una guerra permanente, sin pausas. Siempre en el extranjero.

Tampoco la constante agresión al oriente próximo, en busca del botín del petróleo y sus oleoductos, que han costadeo la vida ya a cientos de miles de personas.

Sólo citaré, por ejemplo, el acoso del sinvergüenza de Trump hacia la hambrienta y bloqueada Venezuela. Bloqueada sin solución de continuidad por el ejército norteamericano, al menos hasta que los venezolanos cedan la explotación de su rico patrimonio minero a las compañías USA.

Tambíen la mano sucia de Trump en una américa latina que no consigue arrancar con su camino al bienestar por la presión de los militares yanquis, que siempre actuan, no en favor de la libertad como cínicamente dicen, sino en apoyo a sus compañía comerciales; en apoyo de una minoría dominante de su propio pais.

Y finalmente Bolivia, donde el golpe de estado financiado por Trump, con dinero puesto en las manos de fascistas y religiosos locales, ha acabado con la vida de numerosos paisanos y seguirá asi hasta que el litio boliviano y otras riquezas naturales de un pais sin desarrollo termine en su poder.

Como en Cuba, afortunadamente resistente.

Dios maldiga a Trump.