La compañía global Alphabet, propitaria de la todopoderosa Google, ha vuelto a anuncia inversiones para asegurar su red y construir nuevos centros de datos. Lo ha hecho en Finlandia, por valor de 3.000 millones de dólares.

No es ni la primera ni la última vez que Google hace o anuncia grandes inversiones, dirigidas a la compra de futuros eléctricos verdes o a la extensión de su infraestrutura física.

Un centro de datos es todo un complejo industrial, una gigantesca instalación de hardware, que suele dar grandes cantidades de trabajo de calidad y que dinamiza completamente la zona donde se ubica. Vamos, que es un dulce.

Un dulce que a Andalucía no parece interesarle. Desde hace años, un servidor lleva alertando de las posibilidades -sobretodo geopolíticas, pero también de estructura- que puede tener nuestra comunidad para aspirar a uno de eso centros de datos de Google. Tenemos la puerta de un espacio con riesgos de cobertura, hacia el este y hacia el inmenso sur; tenemos las fuentes de energía que necesitan, tenemos espacios seguros, tenemos…

Pero no tenemos ni políticos ni gestores que sean capaces de mirar más arriba del suelo que pisan y, por tanto, incapaces de ponerse metal altas para el desarrollo andaluz.

La última intentona ha sido a través del proyecto ‘El faro’, con el que se pretendía crear, con la excusa del [minimizado] V Centenario de la Vuelta al Mundo, un centro de supercomputación -si, por ejemplo, el mismo de la UE que finalmente se lleva Barcelona- que además sociabilizara el big data de todo el mundo, un poner: el de las smart cities y otras smart things, ahora en manos privadas.

Ni siquiera la existencia de un borrador de proyecto y los contactos preliminares habidos con Google, IBM y otras compañías han animado a nuestros electos representantes a tomar un poco en serio la cuestión y poner mesa enmedio para hablar con unos y con otros, evaluando así nuestras verdaderas posibilidades.

Yo creo que ni lo han entendido. Todavía.