Hoy es 10 de agosto y debería ser excepcionalmente fiesta en Sevilla, una fiesta importante además, para que la gente se de cuenta de lo que se conmemora. Porque hoy se cumplen 500 años justos de la partida desde Sevilla de la expedición que daría la primera vuelta al mundo y tras ello volvería a esta ciudad, tres años después, a presentar sus informes. Pero no lo es.

La conmemoración oficial de este hecho histórico, quizás el mayor hito programado de España nunca realizado, el que cambió por última vez la concepción del mundo en que vivimos y propició lo que hoy llamamos globalización, ha dejado de soslayo a la ciudad que lo vio gestarse, organizarse, financiarse, dotarse de naves y avíos, y finalmente, el 10 de agosto de 1519, zarpar del Muelle de las Muelas, junto a la actual Plaza de Cuba.

Todo el mundo, en todas partes, chicos y grandes, reconocen como un éxito norteamericano la llegada del hombre a la luna hace 50 años. Sin embargo, la primera vuelta al mundo, española, realizada desde el Cabo Cañaveral de la época que era Sevilla -¿o habría que decir que Cabo Cañaveral era la Sevilla del siglo XX?-, más fuerte y arriesgada que los viajes espaciales, más universal por sus consecuencias, no se reconoce, ni tampoco su origen ni su destino.

Sevilla ha desaparecido de los programas oficiales de la parte que más debería haber cuidado el detalle. Sólo en el plano nacional es tenida en cuenta; porque por aquí se ha aceptado in extremis, por razones políticas y salvo notables excepciones que no tienen mucha influencia pero si ciencia, que la efemérides se conmemore del 20 de septiembre de 2019 al 6 de septiembre de 2022, salida y vuelta a Sanlúcar. Sin Sevilla. La historia reconocerá ésta como la conmemoración de los errores históricos. La tacañería de los egoísmos locales, que dijo un historiador.

Si, bueno, hoy en Sevilla se conmemorará tan importante fecha, pero sólo habrá tres o cuatro cosas, como de paso, ninguna de ellas digna de memoria. Habrá un desfile militar con autoridades, se inaugurará un centro de la Fundación Nao Victoria y estará la partida de un velero de recreo que se propone dar la vuelta al mundo. Estas dos últimas son las únicas propuestas de la sociedad civil que han llegado a buen puerto. Pero ni siquiera estará la propia Nao Victoria, el símbolo oficial del V Centenario, que tiene otras cosas más interesantes que hacer por las costas francesas.

¿A quién no le “espanta esta grandeza”? La que la Ciudad dedica al día en que se conmemoran los 500 años de la partida de aquel proyecto trascendental para la humanidad… Nada innovador, nada nuevo.

Tras muchos años de trabajo con la sociedad civil, me entristece. Pero no me desanima. A pesar de que parece como si Sevilla hubiera perdido su orgullo de ciudad, su grandeza, y se hubiera sumido en una apatía enfermiza e improductiva, lejos de la ciudad “triunfante en animo y nobleza” que decía Cervantes y en la que la desgana paraliza hoy sus grandes proyectos y, sobre todo, su orientación hacia el progreso. La ciudad inmóvil.

Porque la Iniciativa Ciudadana Sevilla 2019-2022, que está tras la fecha desde 2007, no pretendía ni fastos ni cohetes, ni mucho menos. Con la ocasión del V Centenario sólo buscábamos poder desarrollar oportunidades para hacer cosas en nuestra tierra que trascendieran al día a día, que generaran expectativas en la población, riqueza real… en la sociedad civil, en sus redes, en las empresas, en el futuro tecnológico, en la economía digital… en la memoria de que una vez fuimos la punta de lanza del mundo y que, aunque ya no esta el mundo para tales planteamientos, siempre podemos tener la voluntad de pelear por volver a ser de los primeros. Pero sin el apoyo de lo público, claro, no hay tutía.

Lo que tendremos, por ahora, es cohetes y fastos. Es decir, acciones que no tienen resultados distintos a los que ya llevamos obteniendo desde largos años atrás y que ya ven ustedes cuales son.

En fin, que ya verán ustedes, que actos si que hay, pero de pequeño alcance y parecidos a lo de siempre. Aunque las propagandas oficiales, magallánicas de toda la vida que diría Antonio Zoido, digan que deberíamos sorprendernos y maravillarnos por esta máquina insigne” que hoy se despliega.

Pero, como miramos lo que se hace y no lo que se dice, nosotros diremos como el valentón de Cervantes, ante el túmulo a Felipe II en Sevilla:

«Es cierto cuanto dice voacé, señor soldado.
Y el que dijere lo contrario, miente.

Y luego, siguiendo los versos inmortales, podremos calarnos el sombrero, meter las manos en los bolsillos, mirar al soslayo e irnos. Porque no habrá nada.

A ver si de aquí a tres años esto mejora…