El BLOG de Benito Caetano

Comunicación, asuntos públicos y otras emergencias...

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La tres caras de las Fake News o #fakenews

Cansado de oír hablar de las impropiamente llamadas #fakenews y del machaconeo intencionado con el que nos castigan los medios hegemónicos, trataré de aportar algo a la cuestión con una hipótesis que propone ahondar en los significados y ofrecer nuevas definiciones del concepto.

Esto es porque considero que no existe un sólo tipo, así en genérico, de #fakenews sino varios: al menos tres; y que todo intento de unificación sólo persigue confundir a la peña.

Primero quiero dejar constancia de que las #fakenews no son las simples noticias falsas ni las mentiras ni los embustes de toda la vida, sino algo más profundo y desde luego más y, a veces, peor intencionado.

Propongo tres tipos y/o categorías distintas y lo hago con sus etiquetas y siguiendo el anglicismo que tanto ha prosperado:

 

Real Fake News (#realfakenew)

Son los bulos, noticias directamente falsas y generalmente poco creíbles y hasta absurdas que tratan de enredar a la gente incauta y de leve inteligencia. Suelen ser zapatazos burdos hechos por gente grosera y descomunal. Como digo, sólo engañan a bobos y bobas, aunque son repercutidas por gente pervertida aparentemente inteligente y consciente de la inmensidad de su público objetivo tanto como del daño sistémico que hacen.

Official Fake News (#officialfakenew)

En realidad hablamos de pura propaganda.  Pero por afinar diremos que son aquellas noticias difundidas por gobiernos, gobernantes y gente afín que, con mentiras manifiestas, tratan de conducir a la opinión pública a creencias falsas sobre los hechos de gobierno y sus circunstancias, sobre las razones de estos hechos y decisiones o sobre los resultados de su gestión. Suelen engañar a la gran mayoría de la población votante y tiene resultados catastróficos para el buen ir de nuestra sociedad y para nuestro bienestar y progreso Son las realmente peligrosas y las que, a mi juicio, habría que combatir si titubeos

Fake Fake News (#fakefakenew)

Son noticias ciertas, documentadas y generalmente relevantes, pero que no convienen a la estrategia de propaganda del poder ni de sus propietarios y adláteres. La táctica de descalificación de las mismas ante la opinión pública suele apoyarse en las Official Fake News referidas anteriormente. Tratando de confundirlas con los bulos ante la opinión pública, son el objetivo real de la actual campaña del aparato del Estado y sus medios públicos y arrendados (que son los más).

 

Y lo más curioso de todo este montaje es que las recetas oficiales para detectar las #fakenews, que insisten sobre todo en identificar las fuentes,  son perfectamente aplicables en todos estos casos, siempre que consideremos que siempre es la certeza la que determina la credibilidad de la fuente y no la fuente la que siempre respalda la certeza de la noticia.

Como dije, lanzo una hipótesis para la definición de las genéricamente llamadas #fakenews.

Me alegraría recibir opiniones y propuestas…

La #comunicación de los proyectos europeos se convierte en una cuestión estratégica para Bruselas

La comunicación en los proyectos europeos se está convirtiendo en una cuestión fundamental. En las convocatorias de 2013 ya se empieza a notar un cambio de rumbo en las exigencias al respecto por parte de la Comisión Europea que, tras algunos años digiriendo malos resultados, poca visibilidad y nula reputación en los paises miembros, ha decidido colocar en el primer plano la propuesta de comunicación que debe asociarse a todo proyecto que aspire a contar con fondos europeos.  Y además lo hace con una definición muy clara: la comunicación de los proyectos europeos debe hacerse con criterios profesionales, especializados y competentes.

europa2020

Ya no se trata, pues, de aburrirnos hasta el tedio con coletillas ineficientes, poner logotipos en los carteles, hacer videos o folletos que se difunden inapropiadamente… o cualquier otra cosa que entre en el cajón de sastre financiero que hasta ahora han sido los fondos de la UE.  Ahora hay que trabajar en serio.

Lo primero que te dicen las convocatorias que están saliendo en 2013 es que la comunicación profesional con los grupos objetivo de cada proyecto es una cuestión “clave para el impacto de su acción y para el éxito del programa” de que se trate.  Por ejemplo, en la convocatoria de Intelligent Energy Europe, aún abierta, se advierte que “es esencial que toda propuesta incluya un plan de comunicación a medida. Por favor, asegúrese de que todos los componentes adecuados para la comunicación con sus grupos objetivo están previstos en dicho plan de trabajo. Tenga cuidado, porque enumerar una serie de herramientas de comunicación no será suficiente. Debe proporcionar una visión más profunda de las partes que son esenciales para el éxito de la acción”.

Es sólo un ejemplo. Este año, que es el último del periodo 2007-2013, tales recomendaciones pasan gradualmente a ser exigencias.  En el próximo periodo, con el horizonte 2020, serán cuestiones fundamentales.

Y eso está bien.  Al menos para quienes apostamos por Europa. Porque en las últimas ocasiones en las que se ha analizado la percepción y la reputación de la Unión en los paises miembros las conclusiones han sido aterradoras.  Sí, aterradoras.  Por encima de todo maquillaje. Y no sólo porque sólo una mínima parte de lo realizado con fondos comunitarios se asocie con Europa o porque la balanza coste/beneficio de cada país con la Unión se perciba como un desequilibrio en contra de la UE; sino porque, en la práctica, lo gastado no ha servido suficientemente para los fines que se pretendieron ni las dinámicas generadas han mejorado la competencia ni la colaboración de los pueblos y territorios perceptores.

Ausencia de estrategia en la comunicación, poca profesionalidad en la ejecución y una evaluación de pacotilla son la causa de estos resultados.

Asi que, como ya he dicho, Europa está por mejorar estas cuestiones y, de momento, suelta avisos a navegantes y  ofrece sus recomendaciones, como hace siempre, para evitar que los proyectos que se presenten a sus convocatorias sean rechazados por insuficiencias.

Les recomiendo que, si tienen que ver en su desempeño con programas y proyectos europeos, tomen nota de algunas de esta recomendaciones.  La cursiva es textual en documentos UE.

Nada de chapuzas> Asegúrese de que su plan de trabajo de comunicación se prepara profesionalmente como todos los otros paquetes de trabajo (jurídicos, ingenierías, finanzas, especialistas de campo…)

Nada de preparar el plan al final del proyecto> Comunique desde el comienzo de la acción.

Nada de subjetividades> Mida la efectividad de sus comunicaciones.

Nada de limitarse a lo local> Asegure una visibilidad europea de su proyecto.

 

¿Quiere saber más sobre el asunto?

Pues aquí estamos. Para eso.
svq2012cuadrado

 

 

En esto de la #comunicación, o hay una visión y un plan y un control… o estás comprando humo. O fabricándolo.

O un MacBook como el de la foto…

Fuera de bromas.

Una buena gestión de la comunicación corporativa requiere una visión claramente definida, una buena planificación y una evaluación continua de acciones/resultados.

Vivimos en un mundo y unos tiempos en los que hemos aprendido a usar prudentemente los resursos disponibles, pero sin perder nunca de vista los objetivos que nuestro propio desempeño nos marca y los requerimientos de las partes interesadas en nuestra actividad o nuestro producto.  Una cosa es la prudencia y otra la austeridad: Lo que debe hacerse debe hacerse, aunque, claro está, con la mayor certidumbre y eficiencia.  Y aquí es donde es muy importante la secuencia desde la visión hasta la evaluación continua de nuestros planes y actuaciones.

MacBook (Autor desconocido)

Lo normal, al menos por estos pagos, ha sido tirar por elevación en el ámbito privado o con pólvora del Rey en lo público.  Cualquier análisis histórico, y basta sólo con mirar en años recientes, pone de manifiesto un continuum de campañas y planes rutinarios y poco engarzadas con los resultados.  En ambos planos.

¿Cuantas empresas privadas pueden mostrar sus cuentas de inversión en comunicación cuadradas con ingresos por ventas o servicios y hacerlo usando diferenciadores?  ¿Cuantas instituciones de lo público pueden siquiera justificar técnicamente la necesidad de tal o cual campaña y la idoneidad y eficiencia de esta y no otra acción de las realizadas… o sus presupuestos?

Pero todo eso se está quedando ya en esa historía.  La escasez está llevando a los que aún son capaces de pensar a los terrenos del sentido común y está surgiendo una nueva cultura de la comunicación, que ya no tiene que ver con disponer de mas o menos dinero sino en aplicar más o menos inteligencia y actuar con criterios profesionales.

Profesionales, ojo. Pero hablo de “profesionales” de la comunicación; no hablo de “profesionales” de la venta de servicios y otros suplidos según catálogo…

Para los recien conversos y otros novatos, los primeros se distinguirán ante ustedes por proponer ese triplete de visión-planificación-control de una manera concienzuda, argumentada y justificadamente, con razones y herramientas, con planes de corrección si se precisan.  Sobre el papel.  Los otros, suplantadores de la comunicación profesional en territorios más atrasados, venderán actuaciones como si de productos se tratara y a lo sumo presentarán y hasta anticiparán unas cuentas supuestas de resultados, basadas en parámetros establecidos de antemano y nunca probados.

En los tiempos que corren y con lo que estamos -al fin- aprendiendo, ya no va quedando sitio para los vendedores de humo.  Y menos aún para los compradores.  Ni siquiera de esos que pagan con el oro del Rey…

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Visualizar la #comunicación en el sitio que realmente ocupa

Me parece bastante ilustrativa esta campaña de Dircom.  Y bastante oportuna a mi entender, porque resulta que uno de los aspectos que más destaco en mis charlas y conferencias sobre comunicación y management tiene que ver con éste: ¿cuál es el sitio que le corresponde a la comunicación en la estructura funcional de una organización?.

Como todos ustedes, se bien que la comunicación es quizá la materia sobre la que más se ha estudiado y más se ha escrito en las últimas décadas de entre todas las que conciernen a la gestión. Incluido el marketing.  La que más ha evolucionado, como sugieren los de Dircom.

En todos este tiempo, las organizaciones y las empresas inteligentes han sabido mover la posición de la comunicación en sus diagramas, que ha dejado de ser hace mucho tiempo una simple herramienta al final de la cadena -la 4ª P del marketing clásico- para convertirse en un superproceso que inspira, determina y monitoriza a los demás, que está antes y después de los otros.

Bueno, no quiero decir en ningún momento que esto ocurra en general.  En general, las organizaciones y las empresas de nuestro entorno no son todo lo inteligentes que debieran.  Aún abundan las que están todavía por llegar y persisten en prácticas caducas como colocar la comunicación interna en RR.HH., la corporativa en la dirección, la publicitaria en marketing o la ambiental donde toque… Y ya veremos.

Pues sepan que el norte está en este anuncio de Dircom que os traigo. Saquen sus compases si quieren avanzar.

 

Twitter en vivo (1) > Tweets en los que aparece la palabra ‘comunicación’…


Los principios de la consultoría de comunicación, que deberían verse más a menudo…

Hace casi 8 años, en un congreso celebrado en 2003, la ICCO, International Communications Consultancy Organisation, la mayor organización mundial de consultoras de comunicación y relaciones públicas, que hoy representa a más de 1500 empresas, estableció un documento de principios que se dió en llamar “Carta de Estocolmo”.

No, la Carta de Estocolmo no es un viejo documento.  Ni siquiera en estos tiempos en los que todo corre que se las pela. Y no lo es porque estos mismos tiempos han traido una inacabable multiplicidad en las formas en que pueden desarrollarse estrategias y acciones de comunicación y porque eso ha dado pié a que numerosas entidades, personas o empresas y hasta asociaciones o servicios públicos, se autodefinan, ocasionalmente las más de las veces, como empresas o consultoras de comunicación, cada una con sus avíos y con su ciencia y no todas con la conciencia profesional ni empresarial de pertenecer a un sector, que es global, que tiene historia por detrás y por delante, y que se basa en la confianza, en la credibilidad y en ciertos estándares.

A la mayoría de esas entidades ‘de fortuna’, que nacen y mudan, cuando no mueren, con una rapidez tan vertiginosa que parecen desarrollos virtuales, en España las solemos llamar ‘chiringuitos’, aunque dispongan de los papeles y certificados de rigor,  y suelen encontrarse en los entornos de lo público y en la clientela de su clientela (y esto no es un acertijo…)

Por eso se me ha ocurrido revisar aquella Carta de Estocolmo de la ICCO de 2003. La leo en voz alta, quiero decir: la transcribo en este cuaderno.  Ni falta cara ni sobra mano. Piensen sobre ello.  Y busquen huellas de estos principios en la realidad que les rodea. Ojalá las encuentren, eso significará que no van mal despachados…

Carta Profesional de la International Communications Consultancy Organisation

Las consultoras de relaciones públicas son empresas de servicios profesionales que ayudan a los clientes a influir sobre las opiniones, actitudes y comportamiento. Esta influencia está acompañada por la responsabilidad con respecto a nuestros clientes, nuestro personal, nuestra profesión y la sociedad en general.

1.Asesoramiento y Consultoría objetiva
Las consultoras de relaciones públicas no deben tener intereses que puedan comprometer su papel como consultora independiente. Deben aproximarse a sus clientes con objetividad, con el fin de ayudar al cliente a adoptar la estrategia de comunicación y actitud óptimas.

2.Sociedad
Una sociedad abierta, la libertad de expresión y la libertad de prensa crean el contexto para la profesión de las relaciones públicas. Las consultoras funcionan dentro del ámbito de esta sociedad abierta, respetan sus leyes y trabajan con clientes que comparten este mismo punto de vista.

3.Confidencialidad
La confianza es la base de la relación entre un cliente y una consultora de relaciones públicas. La información que proporciona un cliente de forma confidencial y que no se conoce públicamente no debe compartirse con otras partes sin el consentimiento del cliente.

4.Integridad de la información
Las consultoras de relaciones públicas no deben mentir conscientemente a una audiencia sobre una información precisa ni sobre los intereses que representa un cliente. Las consultoras deben hacer todo lo posible por ceñirse a la precisión.

5.Cumplimiento de Promesas
Las consultoras deben trabajar con clientes para establecer expectativas claras por adelantado sobre el resultado de sus iniciativas. Deben definir objetivos específicos para las acciones de comunicación y luego trabajar para hacer realidad sus promesas. Las consultoras no deben ofrecer garantías que no sean viables o que pongan en peligro la integridad de los canales de comunicación.

6.Conflictos
Las consultoras pueden representar a clientes con intereses encontrados. No se comenzará a trabajar para un nuevo cliente con intereses opuestos sin que se haya ofrecido primero al cliente actual la oportunidad de ejercer los derechos recogidos en cualquier contrato existente entre el cliente y la consultora.

7. Representación
Las consultoras pueden rechazar o aceptar un trabajo según las opiniones personales de la dirección de la empresa o del objetivo de la organización.

Comunicación Empresarial y de buen Gobierno
Las consultoras de relaciones públicas que ofrecen servicios de Comunicación Empresarial y de buen Gobierno, deben mantener un comportamiento ético e implementar las mejores prácticas de negocio en su trato con las diferentes audiencias.

En general, a nosotros nos sirve. ¿Y a ustedes?. Pues eso…

Sobre la incapacidad de la organizaciones (también las políticas) para actuar en las redes

No nos engañemos, la mayoría de las grandes organizaciones de nuestro entorno -empresas, instituciones, partidos políticos…- no tienen capacidad para mantenerse al día y obtener beneficios significativos en el fenómeno social y comunicativo que suponen las redes.  No hablo de capacidad técnica o ecónomica, no va por ahí el problema.  De lo que hablo es de capacidad organizativa, de tiempos de operación, de cultura.

Ni el aparato de gestión de esa inmensa mayoría de organizaciones, empresariales o no, ni el desempeño de la fuerza humana que las mantiene, están hoy poy preparados ni orientados para asumir el cambio de rumbo -sí, cambio de rumbo- que está suponiendo la generalización de las redes sociales producida gracias a Internet y el desarrollo de la cultura individual que conlleva.

Voy a poner dos líneas de reflexión:

  • El tiempo “real” de respuesta ante una idea o un problema no es lo suficientemente rápido. Las organizaciones tienen que ser capaces de anticiparse a lo que los ‘clientes’ van a decir y hacer, a fin de mantener el ritmo.  Sólo manteniendo el ritmo se sale airoso del combate. Resolver un asunto en 24 horas era una señal de eficacia hasta ahora.  En las redes es demasiado lento.  El otro día documentamos que las entradas en Twitter “viven” a nuestro alcance menos de una hora: luego comienzan a circular por ahí sin control posible.  Nos beneficien o no dañen.
  • No hay organización capaz de igualar la escala ni la gestión del tiempo de sus clientes o posibles clientes, cuando estos actúan activamente.  A los clientes -cada uno de los cuales es una línea de trabajo en si misma- no les importa lo que mantenga ocupada a la organización a la que se dirigen: les importa su problema o su propuesta. Punto.  A partir de aquí, valoran: compran, votan, difunden…

Ya ven que no es fácil afrontar la situación.  Quién diga lo contrario es que tiene claves potentes y novedosas que todos desconocemos  -¡que las demuestre!-  o es que no ha entendido el problema.

Aunque estén al corriente del proceso global que nos ocupa y nos preocupa, aunque dispongan de los más sofisticados medios, ni empresas ni instituciones pueden tirarse a la piscina de las redes sociales inocentemente: una vez que se asoman, su reputación y la de sus marcas quedan expuestas de forma irreversible.   Algunas lo han hecho y han cosechado resultados defendibles; hasta hay quien ha triunfado, claro. Pero, por lo general, las que han arriesgado ingenuamente han encontrado sequía y decepción: No se da la respuesta esperada, en las redes siempre está la misma gente…  Y su plan se ha venido abajo.

(Una broma para un respiro…)

Definitivamente no es una cuestión que pueda resolverse con más medios o con más personas, no se trata de algo que se arregle creando otro departamento más, y mucho menos de informática.  Lo que si puede hacerse es afrontar el reto con un enfoque global, dentro de una estrategia que abarque empresa y proyecto, con el objetivo claro de intervenir en los ámbitos que sean necesarios y en los momentos ‘procesales’ que sean adecuados, para conseguir subirse con efectividad y rentabilidad al nuevo carro de los tiempos.  Es una cuestión de planificación y gestión de un proyecto, que incide directamente en la cultura corporativa.

Adenda

En el caso del consumo, el reto tiene un tiempo más largo, a mi juicio, que en el caso de las opciones políticas y los procesos electorales.  Los ciudadanos, o sea: los votantes, están ya utilizando masivamente las redes sociales para compartir sus opiniones o para difundirlas.  Y aún los que no las utilizan todavía están siendo permeables al debate y, desde luego, muy influidos por la corriente que éstas generan.  Las redes sociales significan, por ejemplo, que todo es relativo, que las opiniones son de cada uno y que quien está de acuerdo con algo lo está y quien no no lo está  También que todo puede variar con la circulación de informaciones y argumentos. Y que puede variar por días.

Esto parece simple pero no lo es. Hasta ayer, la gente trataba de sumarse como cuestión identitaria a alguna de las corrientes dominantes en el posicionamiento político, que eran los partidos.  Hoy, cada vez más claramente y de un modo determinante, los ciudadanos  buscan razones que puedan adoptar como propias y se convierten en prescriptores de las mismas.  Con mucho más afecto del que imaginemos.  Bloque contra individuo, logotipo frente a marca

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